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25 años del Teatro de la Luna

Por Ana Cecilia Deustua / Migrante21

Foto: Teatro de la Luna. Primera obra del Teatro de la Luna: Yepeto del autor argentino Roberto “Tito” Cossa en 1991. Dirigida y protagonizada por Mario Marcel, y con la actuación de Carlos Ramírez de Colombia.

Como en el poema del peruano José Antonio Mazzotti El Zorro y La Luna —donde este mamífero enamorado del satélite deja su hogar y sortea obstáculos en su viaje para alcanzarla— el actor argentino Mario Marcel y su familia dejaron Paraguay en 1984 para emigrar a los Estados Unidos y continuar con su pasión: el teatro. La dictadura del partido Colorado le impidió trabajar como actor por tres años en el país guaraní y una oferta para enseñar en la Universidad de Maryland lo trajo al exilio. Siete años después funda el Teatro de la Luna para perseguir, tal como el zorro, el sueño de diseminar el español sobre los escenarios.

Foto: Drew Schneider. Una aventura familiar: El director teatral Mario Marcel, junto con su esposa la productora Nucky Walder y su hija Marcela Ferlito.

“Uno piensa en la luna y piensa en todas las cosas muy mágicas que podría hacer. Era la idea de que la luna está arriba en el cielo y no la podés tocar ni alcanzar, pero uno siempre hace el intento y siempre mira hacia arriba”, describe su hija Marcela Ferlito. Y sí, a pesar de temporadas difíciles, de prejuicios sexistas, de crisis económicas, de proyectos truncos y dejados de lado; el Teatro de La Luna sigue ahí, montando obras de autores de habla hispana, enseñando teatro para niños, viajando a los distintos países de Latinoamérica a través de la música.

Foto: Teatro de la Luna. Dirigida en el 2008 por Mario Marcel, Frida Kahlo: La Pasión —del autor argentino Ricardo Halac— contó con las actuaciones de Anabel Marcano (Venezuela) como Frida Kahlo, Cynthia Urrunaga (Perú) como María Félix, Peter Pereyra (Paraguay) como Diego Rivera y Cynthia Ortiz-Urrunaga (Perú) como La Muerte.

El Teatro de la Luna nació en 1991 en Arlington, Virginia como una aventura familiar compuesta por Mario Marcel, director artístico y ejecutivo, su esposa Nucky Walder, productora, y su hija Marcela Ferlito, encargada del programa de experiencia teatral. “En los noventa vimos que muchos latinos inmigrantes llegaban a Virginia y para ellos no había teatro, revistas o canales en español como hay ahora. No veían nada conocido y uno se siente muy solo. Hacer teatro era una manera de formar una comunidad, de volver a nuestras raíces leyendo obras y poemas de nuestros países. Una forma de no desconectarnos de nuestra raíces, nuestro idioma y nuestra gente aun estando acá”, recuerda Marcela.

Foto: Teatro de la Luna. Rosa de Dos Aromas, obra del autor mexicano Emilio Carballido, dirigida por Mario Marcel y con las actuaciones de la actriz chilena Karen Morales Chacana y la actriz venezolana Anabel Marcano en el 2009.

Según el U.S. Census Bureau, la población nacida en Latinoamérica en el Área Metropolitana de Washington creció de 59,823 en 1980 a 161,663 en 1990 a 319,903 en el 2000. Inmigrantes que dejaban atrás su cultura e idioma en busca de mejores oportunidades económicas. En el Teatro de Luna encontraron el retorno al español a través de poemas de María Wernicke y Luis Lucchi, a obras de Tito Cossi y Emilio Carballido, entre otros poetas y autores. Además, las clases de actuación para niños y adultos eran un escape del continuo trabajar de la vida diaria.

Foto: Teatro de la Luna. Obra infantil bilingüe Chiquititos, escrita por Itsy Bitsy, presentada en diversos colegios con estudiantes latinos.

Así han pasado 25 años, sobreviviendo —con muertos y heridos— gracias a las donaciones, fundraisers y subvenciones por parte de la alcaldía de Washington D.C., organizaciones o empresas privadas. Aun siguen las clases de actuación, talleres en escuelas con alto porcentaje de latinos, obras de teatro, conciertos y la Maratón de la Poesía. Sin embargo, en el camino se tuvieron que hacer algunos sacrificios: “La temporada pasada del Festival de Teatro Hispano fue la última porque era mucho trabajo. Para comenzar algo a veces te dan todo el apoyo necesario, pero pasan los años y ese apoyo se va disminuyendo. Aunque era un experiencia hermosa, muy grande y muy popular; no había ese dinero y esa ayuda para los pasajes y el alojamiento de los actores internacionales. Pero a la vez, por más de veinte años se cumplió la misión de traer producciones de otros países y llegar hasta acá está bien. Podemos enfocarnos en otros proyectos”, dice Marcela .

Foto: Teatro de la Luna. En el 2003 el Teatro de la Luna montó la obra Manteca del autor cubano Alberto Pedro Torriente. Fue dirigida y protagonizada por el actor cubano Harold Ruíz, y con las actuaciones de Leslie Yáñez de Venezuela y Peter Pereyra de Paraguay.

A pesar de renunciar a ciertos proyectos, el trabajo nunca termina. El 8 de abril, el Teatro de la Luna presentará el espectáculo musical Sonidos del Caribe a cargo de la orquesta Joe Falero Band. Para el verano seguirán con sus talleres de actuación para niños y adultos. Además llevar a Miami la obra infantil bilingüe Sanos y Contentos —obra creada por ellos mismos en base al Healthy, Hunger-Free Kids Act de Michelle Obama— y a Maryland las obras para adultos De Hombre a Hombre de Mariano Moro y Nuestra Señora de las Nubes de Arístides Vargas.

Foto: Teatro de la Luna. De Hombre a Hombre, escrita por el autor argentino Mariano Moro, se presentó en la última temporada con las actuaciones de Edwin Bernal de Guatemala y Pablo Guillén de Honduras y la dirección de Mario Marcel.

Y es en estos momentos, cuando el latino está siendo atacado por las prejuicios creados por las políticas migratorias del presidente Trump, en el que un espacio para la exposición de la cultura es necesario y muy importante. “Hace falta que los teatros latinoamericanos le pongan más fuerza porque el inmigrante está pasando por un momento muy difícil. Debemos mostrar que tenemos talento porque muchas personas creen que somos malas personas, que venimos acá a supuestamente sacarles el trabajo y a llenar las cárceles. Tenemos que demostrar que somos profesionales, que nuestra experiencia en nuestros países de origen vale, demostrar que podemos y que no nos vamos a dejar pisotear”, esgrime Marcela. De esta razón nace la importancia de montar y trabajar en clases actorales obras como Nuestra Señora de las Nubes, donde lo personajes tratan de recuperar de las valijas del exilio sus recuerdos y tradiciones mientras buscan un lugar en su nueva casa y un sitio en la mesa para almorzar.

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